domingo, 1 de agosto de 2010

Hoy fue un día como los de ayer. Ciertas diferencias me hicieron reflexionar... Pues hoy comencé clases en mi colegio de nuevo, luego de las largas vacaciones de Navidad. Volví a ver a muchas personas que con seguridad vería, asi que saqué mis múltiples máscaras y me dispuse a actuar y a tratar de sentirme como si fuera un día que no me importaba mucho; solo lo usual. De todas las personas, a ella quería verla con especial expectación, pero cuando la vi honestamente desvié la mirada y la ignoré; como siempre. A él no quería verlo y no lo hice, tal vez no estaba allí, o tal vez yo no estaba allí. Llegué a mi fortaleza, mi zona segura y aún así, mi zona de mayor debilidad. En algún momento recuerdo haber sentido el olor característico de los juguetes de plástico baratos que se encuentran en piñatas (lo que me hizo dar un viaje rápido a mi infancia). Mi almuerzo olía a gasolina. Entre actividad y actividad se hizo de noche, y yo empecé a preguntarme (de verdad) si podría graduarme de bachiller. Lo dudé (lo dudo) pero traté de armarme de optimismo; me dije que sí me graduaría. Luego me entraron severas dudas sobre mi entrada a la universidad, y más aún a la carrera que quiero. La ilusión de optimismo se desvaneció como el humo, y me dije "yo no tengo futuro, y mis sueños jamás se harán realidad." Algo que sé que es cierto y que no puedo sacarme de la cabeza. Saber que el camino que llevas no puede ser bordeado y que está repleto de señales irrefutables de a donde lleva, no hace el camino más cómodo. Porqué escribo esto aquí? Pues sé que si se lo digo a alguien (aun a la persona en la que más confío), esa persona tratará de animarme. Yo diré "no. Asi es como me siento" porque sinceramente estoy harta de que practiquen sus habilidades de cheerleader en mi.

No hay comentarios:

Publicar un comentario